Sherlock – llegada a casa

Hola, soy Sherlock.

Bueno, en realidad, ahora que tengo dos meses, sé que debo ser Sherlock, porque cuando dicen esa palabra y yo voy corriendo hacia mi mamá, me llama buen chico y me acaricia muy contenta.

Por lo visto, soy una mezcla de mi mamá canina, una bodeguera y de mi padre desconocido que nadie sabe muy bien quién es. Al parecer, tengo más aspecto de Pinscher que de otra cosa, aunque a mi nueva mamá humana, le gusté porque parecía un Rottweiler en miniatura. Podéis ver mi foto y vosotros veréis que os parezco. A mí, la verdad, es que no me importa, yo sé que soy guapo, porque todos los humanos que me ven dicen que soy muy mono y que soy muy guapo. Y no tengo ni idea de que es ser mono o guapo, pero por como lo dicen debe ser algo muy, muy bueno.

Pero, en fin, lo que quiero es contarte mi historia y, para eso, voy a empezar por el principio.

Cuando nací, estaba en un sitio en medio del campo. Estaba con mi mamá perra y mis otros hermanos, que, al parecer no se parecen en nada a mí. Como todos los cachorros, yo solo dormía y mamaba de mi mamá un líquido calentito que me quitaba el hambre.

Yo no sé contar todavía, solo soy un cachorro. Pero mis hermanos y hermanas, que debían ser muchos, eran todos más rápidos y más fuertes que yo. Me costaba un montón hacerme sitio entre ellos y llegar al sitio de donde salía el líquido calentito. La verdad es que para cuando llegaba ya no quedaba gran cosa. Sospecho que mis hermanos y hermanas se lo habían bebido todo.
Al parecer, por lo que he oído, cuando han ido contando mi historia, ese líquido se llamaba leche y mi mamá no tenía bastante para todos. Así que los humanos que nos cuidaban decidieron que era mejor darnos en adopción. Imagino que lo entenderéis porque yo no lo entiendo muy bien.

El caso es que, cuando tenía una semana, vinieron otros humanos (eso lo sé porque olían diferente de los que había allí) y nos fueron cogiendo, toqueteando y acariciando durante un buen rato. Yo, caí en manos de una humana que ya no me dejó más en el suelo. Otra hizo lo mismo con una de mis hermanas. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero que me acariciaran a mí solo, sin empujones de mis hermanos, te puedo asegurar que era muy agradable.

Lo que pasó luego fue todo rarísimo.

Pero, antes de seguir te tengo que decir que yo entonces era ciego y sordo. Mis ojos estaban cerrados porque aún se estaban formando y lo mismo pasaba con mis oídos. Así que únicas sensaciones eran las caricias y el olfato.

La humana que me había adoptado que ahora es mi mamá humana, me acariciaba mucho y estaba calentita. Eso era muy agradable. Todo lo demás, era muy raro. Había olores muy raros y tenía la impresión de moverme muy deprisa, pero, al mismo tiempo, no me movía. Mucho después supe que me estaban llevando en un aparato muy raro que se mueve y al que los humanos llaman coche. Pero, tardé mucho en volver a subirme en uno.

Después, nos dejaron solos a mi hermana y a mí en aquel coche dentro de algo muy suave y calentito. Mi hermana y yo nos quedamos dormidos.

Algún rato después, volvieron y mi nueva mamá me volvió a coger entre sus manos calentitas. Si hubiera sido un gato, hubiera ronroneado. Pero, aún no sabía lo que era un gato. Eso lo descubrí al llegar a casa. Mi nueva casa con mi nueva mamá.

 

Nada más llegar, hubo un momento muy desagradable. Mi mamá me abrió la boca y me metió dentro una cosa dura y desagradable que yo intenté escupir con todas mis fuerzas. Pero, no había manera. Por más que me revolvía, aquella cosa volvía a estar en mi boca. Hasta que, para mi sorpresa, empezó a caer un líquido calentito que se parecía mucho a la leche de mi mamá perruna. La verdad es que no estaba tan rica, pero tenía tanto hambre que empecé a tragar. Pronto descubrí que si apretaba fuerte con la boca salía más líquido. Así fue como descubrí que mi nuevo alimento salía de esa cosa rara llamada biberón. Que se llamaba así lo descubrí mucho después cuando mis oídos se empezaron a destapar y a escuchar cosas.

Mi mamá me cuidaba muy bien. Me daba de comer hasta cuando no tenía hambre, era un poco pesada, la verdad. Me acariciaba mucho y me tenía siempre con ella muy calentito.

Poco a poco, fui abriendo los ojos, pero no veía nada. No sé cuánto tardé en empezar a ver del todo. Al principio, solo veía luces y sombras, aunque yo no sabía todavía que se llamaban así. Luego esas luces eran diferentes. Ahora sé que empezaba a ver colores. Unos son más bonitos que otros. Y, por fin, pude ver a mi mamá que es lo que más ganas tenía del mundo. Cuando me miraba ponía la boca de una forma muy rara, pero que me parecía muy agradable. Ahora sé que se llama sonrisa. Pero, aunque casi siempre sonríe, de vez en cuando hace otros gestos que no son tan agradables. Y, con esos sé que me he portado mal. Pero, mis trastadas, como ella dice, os las contaré otro día.

También descubrí que esos olores y lametones raros y diferentes que notaba a veces, eran de mi nuevos hermanos, Ingrid, Zeus y Byron. Byron es un perro como yo, pero mucho, mucho más grande. He oído decir que es un Pastor Alemán. Es muy bueno conmigo, me lame mucho y me deja morderle las orejas y la cola. Zeus es un gato. Es más grande que yo, pero tiene la manía de lamerme las orejas por dentro, no sé qué piensa encontrar ahí, pero su lengua rasca y me hace cosquillas. Y, por último, Ingrid es una gata. Tiene el pelo largo y muy suave, pero no se junta mucho con nosotros. Me olisquea cuando piensa que estoy dormido y yo hago ver que no me doy cuenta porque me quiero hacer su amigo.

A mi hermanita no la he vuelto a ver. Sé que se fue con la hija de mi mamá a vivir muy lejos. Estoy un poco hecho un lio, porque a veces me enseñan unos colores que se mueven dentro de una cosa que llaman teléfono y me dicen que es mi hermana. Pero yo no la veo. Aunque cuando escucho sus gruñidos, creo que la reconozco. Un día escuché que decían que nos parecíamos mucho. Tengo muchas ganas de volver a estar con ella y que me cuente cosas.

Y así es como llegué a mi nueva casa con mi mamá humana que me quiere mucho y mis nuevos hermanitos, Byron, Zeus e Ingrid.

Mi vida es muy divertida. Mi mamá dice que soy un trasto y que estoy un poco loco, pero que me paso la vida buscando pistas y que por eso me puso de nombre Sherlock Holmes, y también, porque quien creó a Sherlock Holmes era el mejor amigo de Lord Byron, que es como se llama mi hermano el grandote. Bueno, yo todo eso no lo entiendo, pero ya lo iré averiguando y os iré contando más cosas.

 

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