El Estado del Bienestar convertido en anti-bienestar

Hasta que no salí del cole, allá por 1976 nunca antes había oído hablar del “Estado del bienestar”.

En temas políticos, lo único que nos enseñaban en el Cole religioso, en una asignatura que nosotras (el colegio era únicamente de niñas) llamábamos ingenuamente política, pero cuyo nombre real era “Formación del Espíritu Nacional” y consistía en:  “Es misión de la educación primaria, mediante una disciplina rigurosa, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria, de acuerdo con las normas del Movimiento y sus Organismos.”

A decir verdad, al menos en mi cole, nadie prestaba mayor interés a este tostón de asignatura que memorizábamos con pinzas como loros, justo antes del examen, con el fin de aprobar la asignatura y que olvidábamos después tan rápidamente como era posible. Vamos que, en teoría, aquella asignatura pasaba por nuestro cerebro sin pena ni gloria. O eso creíamos, porque ahora sabemos, gracias a la PNL (Programación Neuro-Lingüística) que todo lo que se repite una y otra vez queda en nuestra memoria como un residual y transforma los hábitos y las creencias.

Al salir de la “burbuja protectora” del colegio nos dimos de bruces con una realidad distinta y es que la gente estaba descontenta, muy descontenta, y había diariamente manifestaciones por doquier en contra, principalmente de los cierres de fábricas y el despido masivo de trabajadores.

¿Qué rayos había pasado en el mundo mientras a nosotras nos habían hecho creer que vivíamos en un mundo en el que lo único importante era el respeto y la obediencia a los padres y a las Instituciones?

Pues había pasado nada y nada menos que la dictadura se había terminado en 1975 con la muerte del dictador (y lo pongo todo en minúsculas porque no me da la gana de darle relevancia). A decir verdad, no todo fue malo durante aquella época. En cualquier sistema hay bueno y malo, para qué nos vamos a engañar. Pero, si es verdad, que algunos sufrieron más que otros, sobre todo los que no estaban de acuerdo, como es natural en estos casos. Sin ir más lejos, algunos de mis familiares, que no nombraré por respeto a su memoria, habían estado varias veces condenados a muerte, mientras otros gozaban de una situación privilegiada. Claro está que no siempre era “gracias” a sus ideas, sino al lugar de residencia donde les había tocado quedarse. Pero ese es otro tema y no me quiero ir por las ramas.

A lo que iba. Cuando empezó a hablarse en España del Estado del Bienestar, nosotros ya íbamos tarde como siempre.

El término “Estado del Bienestar” al parecer, fue acuñado por el entonces Arzobispo de Canterbury, William Temple, en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque existen precedentes similares en Inglaterra con las “Poor Laws”, leyes para los pobres y antes aún, en la Francia del Segundo Imperio con “le État-Providence” o Estado providencia, que proponía proveer de recursos a los más pobres.

Aunque estoy casi segura de que la cosa viene de más lejos, sobre todo del movimiento llamado “Ilustración” que empezó en el siglo XVII y terminó a primeros del XIX, todo empezó a fraguarse con un Tratado sobre la ciudadanía escrito por un sociólogo inglés llamado Thomas Humphrey Marshall nacido en Londres en 1893 y fallecido en 1981. Marshall, en este Tratado, publicado en 1950, analiza el desarrollo de la ciudadanía desde tres puntos de vista: el desarrollo de los derechos civiles, los derechos políticos y los derechos sociales. Con ello introduce del concepto moderno de Derechos sociales (al que se accedería no sobre la base de pertenecer a alguna clase social o necesidad, sino por el mero hecho de ser ciudadano. Proclamó que sólo puede existir la ciudadanía plena cuando se tienen los tres tipos de derechos, y que éstos no dependan de la clase social a la que se pertenezca.

¡Ta chan! Ya estaba la polémica servida, claro está. Pero, eso debió hacer mella en muchas mentes pensantes porque años después (pocos, para lo que suelen tardar en calar los cambios de idea en la historia) se contemplaría como una idea lícita.

A que esta idea se pusiera en marcha más o menos rápidamente contribuyeron dos hechos importantes en nuestra historia reciente: La Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Vamos cuando la gente estaba más pobre que las ratas, pasaban más hambre que un Maestro de Escuela y estaban hasta las narices. Entonces, éstos empezaron a protestar y los dirigentes de la época, decidieron que algo tenían que hacer.

Como no, los primeros en implementar algo similar al Estado del Bienestar fueron los americanos, aunque su modelo no se aplicó en Europa.

Aquí, más chulos que un ocho, no surgió un modelo sino cuatro: El Nórdico, el Continental, el Anglosajón y el Mediterráneo.

– El modelo nórdico incluye: Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Países Bajos.

– El modelo continental incluye: Austria, Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo.

– El modelo anglosajón: Irlanda y Reino Unido.

– El modelo mediterráneo: Grecia, Italia, Portugal y España.

Evidentemente, están en orden de aparición y de beneficios. ¿Dónde estamos nosotros? Los últimos claro, como esta mandao.

A España el Estado del bienestar llegó a trancas y barrancas, tarde y mal, pero, comparado con lo que teníamos, nos pareció gloria bendita. Muchos y muchas ilusos e ilusas, creyeron o creímos que, eso consistirían en algo así como Robin Hood, quitar el dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Pero ¿estamos todos locos? ¿qué culpa tienen los ricos de ser ricos? Y, más aún, los pobres son pobres porque quieren y son unos vagos porque el sol sale cada día y da las mismas oportunidades a todo el mundo. Vete a un banco a pedir dinero para montar un negocio y fomentar tu auto-empleo si no tienes ni un duro, a ver cuánto te dan.

Supuestamente, el Estado del Bienestar es: “entendemos por Estado de bienestar, las intervenciones del Estado (tanto en el nivel central como en los niveles autonómico y local) dirigidas a mejorar el bienestar social y la calidad de vida de la población”.

Los tres pilares del Estado del bienestar son:

– La reducción de la pobreza.

– La protección contra los riesgos del mercado de trabajo.

– Las recompensas por la participación al trabajo.

Vamos, traducido, que vamos a intentar que no haya pobres, que la gente no se quede sin trabajo cada dos por tres y que si trabajas tengas una recompensa mayor que si no trabajas (como si se pudiera elegir).

Así que para intentar que no haya pobres, la gente tiene que poder ganarse la vida, para ganarse la vida hay que trabajar. Para que las empresas se lo piensen dos veces antes de despedir a un trabajador (bajo el punto de vista de que los empresarios son todos ricos malvados que se frotan las manos pensando en la gente a la que van a despedir) suben las indemnizaciones por despido. Para que, si te quedas sin trabajo porque el malvado empresario te ha despedido, crean los Seguros de desempleo, una parte del coste de ese Seguro sale de tu salario y la otra parte del “bolsillo” del empresario. Pero, ojo, que la cosa parece fácil, pero a la hora de cobrar un desempleo que tú mismo/a te has estado pagando, hay decenas de cláusulas a cumplir que ¡oh desgracia! a veces no cumples. Por ejemplo, si eres tú quien se despide porque estás hasta las narices de que un empresario realmente malvado te haga la vida imposible. En ese caso, Papá estado te castiga por ser tan mala persona que no eres capaz de aguantar y te niega la recepción de ese dinero que tú habías pagado previamente.

Pero claro, es que el Estado del Bienestar  se debe entender como el conjunto de actividades desarrolladas por los gobiernos con finalidades sociales y redistributivas a través de los presupuestos del Estado. Por ejemplo, las llevadas a cabo por un organismo llamado Seguridad Social que se ocupa de la distribución del dinero recaudado para tales fines: subsidios de desempleo o vejez, cuidados sanitarios (un sistema de salud universal y gratuito), servicios de educación (garantizar el acceso al conocimiento de todos los ciudadanos) y provisión de vivienda, alimentación y otros servicios asistenciales, etc.

Pues bien, desde la implementación en España, allá por los años 80, desde el Estado del Bienestar, yo pienso, por no afirmar, que hemos pasado del Estado anti-bienestar.

Con el paso de los años se ha acuñado un nuevo término: Personas en riesgo de exclusión social. Que deberían ser las que no entran en el baremo del bienestar y que son definidas en el INE (Instituto Nacional de Estadística) como:

“Según la Estrategia Europa 2020 se consideran personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social a la población que se encuentra en alguna de las tres situaciones que se definen a continuación. Personas que viven con bajos ingresos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo en el año anterior a la entrevista), y/o personas que sufren privación material severa (4 de los 9 items definidos) y/o personas que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo en el año anterior a la entrevista). En caso de estar incluidas en dos o tres condiciones, las personas se contabilizan solo una vez.

Personas en riesgo de pobreza después de transferencias sociales
Personas cuyos ingresos por unidad de consumo son inferiores al 60% de la renta mediana disponible equivalente (después de transferencias sociales). Los ingresos corresponden al año anterior al de la entrevista.

Carencia material severa
La carencia material severa es la proporción de la población que vive en hogares que carecen al menos de cuatro conceptos de los nueve siguientes:
1) No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
2) No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.
3) No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
4) No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos (de 650 euros).
5) Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) o en compras a plazos en los últimos 12 meses.
6) No puede permitirse disponer de un automóvil.
7) No puede permitirse disponer de teléfono.
8) No puede permitirse disponer de un televisor.
9) No puede permitirse disponer de una lavadora.”

Ojo al dato que dice: Este indicador no se aplica a las personas de 60 y más años.

Leer el texto completo aquí: https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259941637944&p=%5C&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&param1=PYSDetalle&param3=1259924822888#:~:text=En%20Espa%C3%B1a%2C%20en%20el%20a%C3%B1o,65%20y%20m%C3%A1s%20a%C3%B1os%20(30%2C

 

Pues bien, resulta que luego el Servicio Nacional de Empleo, así como la Seguridad Social consideran que:

Personas en riesgo de exclusión social

Son considerados los siguientes: Internos y ex reclusos, toxicómanos y alcohólicos en proceso de rehabilitación, minorías étnicas, perceptores de la renta mínima de inserción, víctimas de violencia doméstica, jóvenes de 18 a 30 años que hayan estado tutelados por la Administración, inmigrantes ajenos a la UE y emigrantes retornados son graves necesidades personales y familiares.

Conclusión:

Que si tienes más de 60 años y las empresas no te contratan porque los hombres las prefieren rubias y las empresas los prefieren jóvenes, apáñatelas como puedas Pedrín que no tienes na de na.

Que, si eres una persona normal y corriente que, por circunstancias de la vida, no tienes ni lavadora porque se te ha roto o la has tenido que vender para comprar comida, apáñatelas como puedas porque, aun habiendo una cosa que dicen que existe que se llama Ingreso Mínimo Vital, se rumorea que ninguna persona normal y corriente la ha visto jamás y que si pides ayudas, después de pasar por tres millones y medio de pasos burocráticos, llamadas a teléfonos que cortan la llamada nada más que suena, que hacen un bucle y te devuelven al mismo sitio, que te ponen un robot respondedor que te infla las narices repitiéndote malévolamente mil veces a qué teléfono tienes que llamar mientras se ríen se secreto sabiendo que nunca podrás hacerlo, aportaciones de documentos más viejos que tu abuela que ya no sabes ni de dónde sacarlos, y un largo etc. te encontrarás con la mayor cara de panoli que se le puede quedar a uno/a cuando te lo deniegan por “silencio administrativo” que es exactamente eso, que no te responden.

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? ¿Aún no eres una Persona Hasta Las narices? Tranquilo/a, todo llega…

 

 

 

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